Civil War (2024)
2025-09-13 9 min
Civil War es cuanto menos una película notable. No solo trata la cuestión del “¿qué pasaría si…?” sino también los abusos y el drama de la experiencia humana, independientemente del lugar del mundo donde ocurra una guerra civil. Y aunque el filme no esconde en ningún momento su afiliación política —desde un principio nos muestra a un presidente que recuerda a Donald Trump—, no deja de ser, en cierto modo, un ejercicio verosímil de cómo podría desarrollarse una posible guerra civil en los EEUU actuales.
La película narra cómo una pareja de reporteros, Lee Smith (Kirsten Dunst) y Joel (Wagner Moura), que están cubriendo la situación en Nueva York, deciden intentar entrevistar al presidente de lo que queda de los EEUU federales. En su camino se unirán Sammy (Stephen McKinley Henderson), un veterano corresponsal de guerra que ya debería haberse jubilado, y Jessie (Cailee Spaeny), una joven aspirante a fotorreportera, al igual que lo es Lee.
Este segundo dúo funciona como contrapunto al primero. Joel es enérgico y temerario, mientras que Sammy resulta más pausado y reflexivo. En el seno del grupo ocupa la plaza de consejero e incluso de voz de la conciencia. Por el lado femenino la dinámica se invierte: Lee y Jessie son parecidas pero con la diferencia de que la primera es una curtida veterana a la que le pesa su profesión tras tantos horrores vistos. Jessie, en cambio, encarna la ingenuidad e inexperiencia de cualquiera que ha idealizado una profesión pero que en realidad no sabe de qué va la cosa. Es este el personaje que tendrá una mayor transformación a medida que los acontecimientos se desarrollen. En fin, nada nuevo en el elenco de personajes principales que no se haya visto ya. Aun así los cuatro están francamente bien interpretados.
Durante el viaje, los cuatro protagonistas irán alternando entre situaciones de horror y momentos de distensión. En ambos iremos conociendo mejor a los personajes y qué es lo que les mueve a seguir en su profesión, además de ir solidificando el grupo.
Un momento destacable del filme —y tiene unos cuantos muy potentes— es cuando, al inicio del periplo en coche, se detienen en una gasolinera. Los propietarios del negocio van armados y no parecen tener muy buenas pulgas aunque con algo de dinero se llega a un acuerdo para poder repostar. Todavía no están demasiado desquiciados para entender que, al final, esto sigue siendo una cuestión de economía y transacción: la pela es la pela.
Es en esta secuencia donde Jessie verá algo que la perturba sobremanera y que Lee intentará normalizar para que entienda que, a pesar del horror, ella debe seguir haciendo su trabajo. Es una cuestión de deber profesional.
Por lo poco que se deja entrever al inicio de la película, poco más se relata durante el resto de la cinta sobre el origen del conflicto. La guerra comienza a raíz de un tercer mandato ilegítimo del actual presidente. Hay que recordar que en EEUU un mismo candidato solo puede presidir dos legislaturas legalmente. Esta limitación existe precisamente para evitar que cualquier presidente se perpetúe en el poder. Es en este contexto que los dos estados más grandes de EEUU, California y Texas, se alzan contra el gobierno federal bajo el nombre del Western Front. Existen varias facciones más, pero ninguna parece tener el mismo peso militar que esta alianza.
No deja de ser paradójico que dos estados tan antagónicos en lo político como California y Texas se alíen para acabar con el presidente. Imagino que esto es una forma de buscar una unidad moral entre el público partidista: podemos pensar distinto, pero a ninguno nos gustan las injusticias ni la corrupción.
Alex Garland es el director y guionista de Civil War. En lo personal, me parece que esta es su película más redonda. De sus otros trabajos como director, Ex Machina está bien pero me recuerda demasiado a un Danny Boyle algo descafeinado, y de Aniquilación mejor ni hablar. Men no la he visto y tampoco me interesa demasiado. De hecho, tengo la impresión de que los argumento de esta película ya lo he visto antes.
Sin embargo, creo que como guionista sí tiene trabajos mucho más interesantes, como La playa, Sunshine, 28 días después o incluso la entretenidísima Dredd. Las tres primeras fueron dirigidas por el ya mencionado Danny Boyle, auténtico artífice del resultado final, aunque es justo reconocer que el cine siempre es un trabajo coral. Al fin y al cabo, Garland hizo los guiones.
Por lo general, todos los filmes de Danny Boyle no suelen defraudar y aunque alguna vez no consiga hacer una gran película, al menos siempre entretiene. Ahora que lo pienso, hace un porrón de años que no he vuelto a ver La playa y no tengo tan mal recuerdo de ella a pesar de las criticas en su momento. Sería un buen momento para revisitarla.
Civil War está producida por A24. No deja de ser curioso como todos los trabajos que he visto hasta la fecha de esta productora independiente, aun siendo realizados por diferentes autores, guardan un sello común inconfundible. Todas las películas mantienen un tono pausado de falsa calma, que se rompe por momentos abruptos de los más desconcertantes. Imagino que es la línea narrativa buscada por la productora como identidad propia.
Civil War no es una película que pueda gustar a todo el mundo. Es, en cierto modo, una película incómoda y partidista, más aún viéndola desde la perspectiva conservadora del medio oeste. Primero, porque las atrocidades que presenciamos a lo largo del metraje son cometidas por el mismo tipo de gente: wasp, white trash o como quieras llamarlo. Y segundo, el hecho de que el presidente recuerde a Trump no hace más que poner el dedo en la llaga.
Pero en realidad todo tiene sentido. La gente más progresista (o woke) suele estar en las ciudades, mientras que los conservadores y tradicionalistas viven en entornos rurales, con la consecuente distancia entre ambas realidades. Son precisamente estos parajes los que deben cruzar los protagonistas para poder llegar a Washington, donde la desconfianza y las armas brillan con luz propia. Es en esta parte del filme donde arranca el nudo: El eterno dilema entre lo urbano y lo campestre, magníficamente retratado en películas como Perros de paja o Deliverance.
Esta fractura cultural vuelve en una tarea casi imposible las políticas comunes en un país tan grande como EEUU. Lo mismo debe ocurrir en lugares tan inmensos y poblados como China, la India o Rusia.
La película no se limita a retratar la violencia como algo exclusivo del entorno rural; ya desde el inicio del filme, durante las protestas en la ciudad, vemos a grupos violentos entre la multitud arremetiendo contra las fuerzas del orden. No obstante, la mayor parte del metraje discurre por zonas periféricas con escasa presencia institucional. Es en ese escenario donde irrumpe el verdadero antagonista colectivo: la llamada basura blanca.
Aquí la cinta muestra el lado más siniestro de la Norteamérica profunda. Una decisión en cierto modo coherente, puesto que cualquier ciudadano medianamente sensato habría huido al ver a sus vecinos tomar las armas, quedando únicamente como dueños del lugar los más extremistas.
En general, esta actitud violenta no surge de la nada, sino que se ha moldeado a través de décadas de abandono y pobreza que perpetúan la desconfianza y el malestar social. Un auténtico caldo de cultivo para que cualquier enajenado aproveche este tipo de conflictos para dar rienda suelta a sus instintos más primarios, los cuales, en situaciones normales, jamás habrían salido de su cabeza.
Esa fractura social que plantea la película se materializó trágicamente esta semana con lo ocurrido a Charlie Kirk. Este joven activista político fue asesinado de un disparo mientras participaba en un evento en la Universidad del Valle de Utah. Charlie defendía un modelo de familia tradicional y conservador totalmente opuesto a la izquierda o posturas más progresistas.
Independientemente de si el crimen ha sido planificado por una organización o por un lobo solitario, hay que estar muy tronado para matar a alguien a sangre fría. ¿Qué creía el autor del crimen? ¿Que iba a salvar a la humanidad? Siempre habrá un Charlie Kirk en el mundo.
De hecho, por actos así se puede empezar una guerra cuando las sociedades están tan polarizadas como lo están ahora. No hace falta más que recordar cómo empezó la Primera Guerra Mundial; el detonante fue el asesinato de un disparo del archiduque Francisco Fernando en un acto público. Los paralelismos son más que llamativos.
El problema no es solo que haya unos cuantos radicales sueltos —aunque habría que preguntar qué piensan las familias de las víctimas—. Lo más preocupante es que, en un clima de polarización tan extrema, más y más desequilibrados terminen organizándose y la líen todavía más gorda. *[El club de la lucha](https://www.filmaffinity.com/es/film536945.html)* es un claro ejemplo de esto último.
En fin, solo por el food for thought que nos deja Civil War, es una película que merece la pena ser vista.


